Considerada una epidemia global, la obesidad es una enfermedad que creció notablemente en la población infantil. En Argentina, el 60% de las personas adultas tiene sobrepeso u obesidad. Y si bien la cifra indica la seriedad del problema, tanto más preocupa saber que el exceso de peso a edades tempranas aumenta la posibilidad de ser un adulto obeso y tiene mayores consecuencias sobre la salud en el futuro.
Los cambios en estilo de vida propician esa tendencia. En la rutina alimentaria hay una disminución de la comida casera y un aumento de los menúes rápidos y de delivery. Los alimentos industriales ricos en grasas saturadas –golosinas, snacks- dejaron de ser de consumo ocasional para pasar a ser habitual.
Los entretenimientos que ofrece la tecnología (televisión, computadora, play station) tientan a pasar largas horas frente a la pantalla y propician el sedentarismo, mientras que las publicidades incitan al consumo de alimentos no saludables. Las actividades físicas, deportivas o al aire libre se fueron limitando, en ocasiones, por falta de tiempo de los padres para acompañar a los chicos.
La obesidad trae serias consecuencias para la salud. Además de ser una patología, es un factor de riesgo de otras enfermedades como diabetes, hipercolesterolemia e hipertensión arterial que, al mismo tiempo, ocasionan riesgo de padecer afecciones cardiovasculares.
Los factores emocionales también son clave, tanto como causa que lleva a la ingesta compulsiva para calmar la ansiedad que se genera por numerosas razones, y, a su vez, como consecuencia por el sufrimiento que provoca la discriminación de sus pares y produce una baja autoestima.
La obesidad y el sobrepeso se definen como el exceso de grasa corporal que puede ser perjudicial para la salud y se presentan cuando el consumo de alimentos calóricos supera el gasto de energía, almacenándose en el organismo como tejido graso. Para identificar cuándo una persona tiene sobrepeso u obesidad se utiliza un marcador denominado índice de masa corporal (IMC), una relación entre el peso y la talla del individuo.
Si bien existe una predisposición genética a padecer obesidad, la combinación de factores hereditarios y ambientales son los que determinan que un niño propenso a engordar desarrolle la enfermedad Los cambios en estilo de vida propician esa tendencia. En la rutina alimentaria hay una disminución de la comida casera y un aumento de los menúes rápidos y de delivery. Los alimentos industriales ricos en grasas saturadas –golosinas, snacks- dejaron de ser de consumo ocasional para pasar a ser habitual.
Los entretenimientos que ofrece la tecnología (televisión, computadora, play station) tientan a pasar largas horas frente a la pantalla y propician el sedentarismo, mientras que las publicidades incitan al consumo de alimentos no saludables. Las actividades físicas, deportivas o al aire libre se fueron limitando, en ocasiones, por falta de tiempo de los padres para acompañar a los chicos.
Los factores emocionales también son clave, tanto como causa que lleva a la ingesta compulsiva para calmar la ansiedad que se genera por numerosas razones, y, a su vez, como consecuencia por el sufrimiento que provoca la discriminación de sus pares y produce una baja autoestima.
LA OBESIDAD INFANTIL ES CADA VEZ MAYOR EN LOS PAISES POBRES...
Hasta no hace mucho se asociaba a los países más pobres con imágenes de niños extremadamente delgados. Hoy se está haciendo cada día mas eviente que la desnutrición puede disfrazarse de muchas maneras, la mas vista en los últimos tiempos es la imágen de niños obesos en países marginales.
que hayan disminuido las desigualdades económicas y sociales que dividen el mundo en dos. Sigue habiendo países pobres, pero sus pequeños han cambiado la extrema delgadez por el sobrepeso a causa de la expansión de las dietas hipercalóricas aunque bajas en nutrientes, el aumento del sedentarismo y el abandono creciente de la lactancia materna.
Este hecho es altamente alrmante pues multiplica los problemas de salud de estos niños que padecerán todas las problemáticas de la desnutrición y la obesidad en simultáneo.
La malnutrición es responsable del 11% de todas las enfermedades, causa problemas de salud a largo plazo y minusvalías. Las carencias alimenticias ejercen un impacto sobre la educación y el desarrollo de los niños de los países más vulnerables.PREVENIR LA OBESIDAD.
Hay muchas cosas que los padres pueden hacer para prevenir la obesidad en niños. Los mejor que pueden hacer es estar informados sobre qué es una buena nutrición.
La salud apropiada de un niño empieza desde antes que él nazca. Una madre debe tener una dieta balanceada cuando está embarazada. Una vez que nace el niño, la lactancia contribuye a la salud del bebé. Además de ayudar a los niños a desarrollar un sistema inmunológico fuerte, hay muchos estudios que prueban que los niños que reciben la lactancia corren menos riesgos de volverse obesos en el futuro.
Nada debe ser comido en exceso. Se deben evitar comidas con altas calorías como gallettitas y tortas, etc. Se debe minimizar la harina blanca, las carnes y bocadillos salados y grasosos, productos lácteos con grasa entera y la comida rápida. Brinde a los niños, fruta entera en vez de jugos de fruta. La mayoría de los jugos son pura azúcar (fructosa) y sabores artificiales, así que no son saludables.
Se debe deterrar el mito que un niño que está gordito, está bien alimentado y por lo tanto, sano. En muchas ocasiones, dejarse guiar por estas apariencias, es engañarse.


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